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Entrevista a Jo Sol en la Revista Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Entrevista Jo Sol – Vivir y otras ficciones
Enrique F. Aparicio

 

Vivir… continua con tu trabajo previo en El taxista ful y Fake orgasmo pero, ¿cuál es el punto de partida de este proyecto?

Es una continuación en cuanto a la maduración de una idea, que parte de esa imposibilidad de vivir cuando la vida se reduce a un acto de supervivencia. Ese abismo se aborda desde un marco tan universal como el cuerpo. Vivir… surge de ese espacio de representación de lo real que no minimiza su complejidad, a través de una mirada que trata de aportar algún nivel de reflexión crítica.

¿Cuál es el baremo entre realidad y ficción en la película? ¿Y entre improvisación y guión?

Una película no es una apología del azar. Incluso las que aparentan ser fruto de la improvisación, esconden textos y estructuras escritas por sus creadoras. Yo confío en la capacidad de mis intérpretes para generar diálogos que representen de forma orgánica aquello que previamente se ha trabajado. Mi condición para crear una narrativa de ficción, impone la necesidad de que sea leída como real. Para ello necesito seres cercanos a esa realidad y actores capaces de aportar verosimilitud al argumento propuesto. Para mi es fundamental que el público crea lo que está viendo, al precio de que parezca “demasiado” real si es necesario.

Da la impresión de que los personajes son indistinguibles de las personas que los interpretan, ¿cómo ha sido tu trabajo con ellos?

Por suerte para ellos hay notables diferencias con sus personajes. Ni Pepe está tan loco en la realidad, ni Antonio soporta una relación tan maternal con sus asistentes. En el caso de Arántzazu y Ann la diferencia es aún más evidente. Los cuatro han hecho una enorme labor de construcción de personaje. Sí es cierto que, a los no actores, mi propuesta les permite expresar con vehemencia un discurso que les resulta muy cercano.

¿Cómo entraste en contacto o de dónde surgen estas historias?

Debo agradecer que Antonio Centeno hiciera una lectura muy generosa de mi trabajo, conectándolo con el discurso tan lúcido, estimulante y transversal que la comunidad que lucha por una vida independiente lleva años elaborando. Fue revelador descubrir ese grito desde el cuerpo, donde confluyen la teoría queer, los discursos transfeministas, el movimiento crip, el trabajo sexual… En un momento de tanta mediocridad, es obvio mi agradecimiento por poder alimentarme de forma directa de la confluencia de estas luchas y actitudes vitales, de ese momento de experiencias vivas que hoy se está produciendo.

Vivir… reflexiona en torno al cuerpo como espacio político, ¿se puede decir en este sentido que es una película política?

En el actual contexto, hacer posible este tipo de cine es ya un acto político; en cuanto a resistencia al proceso de ahogo contra toda voz que invite a pensar, a rebelarse. Amar esa búsqueda de belleza, amar el cine más allá de la lógica del espectáculo, apasionarse por las ideas rabiosas, es hoy un acto político.

Antonio habla de la revolución del cuerpo como quizás la única posible, ¿qué crees que ha ocurrido con las otras?

Hace 10 años, los compañeros con los que hicimos el taxista ful decían: “el sentido común de dos males elige siempre el menor. Nosotros nos negamos a escoger.”

Efectivamente una revolución pasa por superar el sentido común. Una revolución no puede ser democrática, no se puede institucionalizar. Vivir… presenta el cuerpo como última frontera de lo político, porque en él constatamos la fragilidad que nos constituye y vivimos la experiencia de lo transitorio, donde las seguridades aparentes colapsan.

Aparte de esa revolución, Pepe se encuentra en plena reconstrucción. ¿Hasta qué punto es una metáfora de nuestra situación actual?

Su obsesión por encajar es parte de la desesperación que atraviesa nuestras vidas. Con Antonio descubre que una vida rota, como un sistema corrupto, no se puede reformar. No encajar es devenir anomalía, pardógicamente, un poderosos sujeto político. La fragilidad se convierte en una fuerza de transformación inesperada.

¿Esa reconstrucción o revolución también la llevas conscientemente a términos cinematográficos?

Hoy, para mi, hacer cine no es una decisión consciente; si lo fuera no lo haría. Es más bien un impulso, instintivo, que me permite compartir, resistir, con la gente que quiero y con la que todavía no conozco pero que sé que está allí. Siento que en ese resistir, en seguir creando a pesar de todo, hay algo digno de ser vivido.

La música, el cante, juega un papel fundamental. ¿Cuándo conoces y cómo se incorpora El niño de Elche al proyecto?

Tenía previsto establecer un hilo conductor a partir de la música popular, del cante flamenco. Fue Pepe Rovira quien sugirió que fuera el Niño de Elche. Paco es un artista extraordinario y un ser humano entrañable al que nos une amigos y experiencias tan gratificantes como su fabulosa aportación a esta pequeña película.

Repites en el Festival de San Sebastián. ¿Qué significa estar en la sección oficial con esta película?

Para mi es la posibilidad de reencontrarme con un público que siempre ha demostrado interés los trabajos que les hemos ido presentando. Para la película: la oportunidad de iniciar un próspero devenir en festivales y ojalá un posible recorrido en salas y porque no en TV, ya que creo que es la única seleccionada sin tener cubiertas esas ventanas de exhibición.

¿Cómo valoras la apuesta de cine español por parte del Festival?

En general he visto que en los últimos años han habido elecciones valientes, otras más obvias. Es importante no sólo en la medida que no sólo es un instrumento importante para la industria, sino también para la Cultura, por promover otras propuestas capaces de aportar algo más que un tiempo de entretenimiento.

¿Y cómo crees que favorece a nuestra cinematografía contar con un festival de categoría A?

Un festival de máxima categoría, demuestra esa condición por su capacidad para valorar las aportaciones más diversas y arriesgadas. Agradezco que una vez mas se atrevieran con mi modesta obra.

Muchas gracias.

A vosotros.