Sobre la Película

Diez años han transcurrido desde que la noticia del falso taxista que robaba para trabajar, expusiera la paradoja de una realidad sin sentido. En un mundo donde sólo se existe como trabajador, robar para trabajar se convirtió en la respuesta absurda a un mundo absurdo de un hombre anónimo y genial. Ese caso paradigmático nos inspiró a rodar una película “El Taxista ful”, que pronto se convirtió en un referente, no sólo por anticipar un escenario hoy ya enquistado en nuestra cotidianidad, sino por plantear fórmulas de conducir la ficción hiperealista hacia territorios fértiles para la reflexión política. Diez años después, el viejo taxista ful debe asumir que su tan anhelada “normalidad”, no es otra cosa que una enfermedad contagiosa. Sí, todos estamos enfermos de normalidad. Hoy, como hace diez años, Santiago López Petit me ha permitido comprender por qué cobraba sentido acompañar el trayecto del taxista hacia su imposible encaje en la normalidad.

La anomalía interrumpe la movilización global en la que estamos sometidos, bloquea la máquina que nos sujeta. Supera los horizontes que paralizan, desaparecen las seguridades que tranquilizan. Arde el miedo y se consuma.

La anomalía es lo intempestivo en su irreductibilidad, y la fuerza de dolor que surge de esta imposibilidad de vivir, imprime necesidad y excepcionalidad a cada vida.

Pero no hay que confundirse. Si asumirse como anomalía es no encajar en esta sociedad, más exactamente, es no-querer-encajar en el juego programado de la vida, entonces la posición política que esta interrupción levanta se abre a todos. La politización de la existencia no pertenece a los marginados por más que el poder quiera marginarnos.

– Santiago López Petit

Es en este contexto donde la relación del falso taxista Pepe Rovira, con Antonio Centeno, activista por los derechos de las personas con distintas diversidades funcionales, muestra la fuerza politica de la anomalía en ese querer vivir. El encuentro con Antonio permite además, situar el deseo en el centro de ese desafío por vivir. Y lo hace en un momento nada casual, donde la transversalidad de miradas sobre el cuerpo, las alianzas entre quienes entienden la sexualidad y las identidades más allá de las normas, ha permitido impulsar esta producción hacia una esfera real, condición imprescindible para el desarrollo de este género de cine.

Es esa coincidencia oportuna cuanto necesitamos para atrevernos de nuevo a rodar, a contracorriente, con la sombra de todas las incertidumbres que amenazan con paralizar esas ganas de encontrarnos de nuevo para inventar juntos algo tan difícil como una película.

EXTRACTOS DE INTERVENCIONES RECIENTES DEL DIRECTOR

“Vivir y otras ficciones” constituye una prolongación tanto de ese grito desde el absurdo que fue el “Taxista ful“, como de la mirada sobre el cuerpo planteada con “Fake Orgasm“. No es extraño encontrar puntos concomitantes entre las tres, pues además, “Vivir y otras ficciones” se produce en un momento y un lugar en el que asistimos a una de las alianzas más imprevistas y a la vez estimulantes que se han dado en los últimos años. Me refiero a la intersección queer/crip,  fruto de la maduración de trayectorias dentro del movimiento transfemisnista, y del que aboga por una vida independiente para las personas con diversidades funcionales. Es estimulante ver cómo todo esto sucede mientras se crea una obra nutrida de esa energía no sólo en lo teórico,  sino en  la necesidad de crear prácticas y pensar en común cómo debe garantizarse el acceso al propio cuerpo para aquellas personas que funcionan diferente, cómo debe ser un sistema de asistencia sexual para ellxs.

Ese ha sido uno de los mayores premios a la osadía de lanzarse a producir cine a la intemperie y en plena tormenta. Ser testigo de ese proceso. Desarrolar amistades con personas sin las cuales ya no podría imaginar mi tránsito por esta etapa de mi vida. Gracias a todos ellos, pues de nuevo desde los márgenes consiguen interpelar a la norma, romper el sentido común, que es el espacio donde siento la fuerza y el sentido para contribuir y es el eje central de mi trabajo.

Ruedo en lo inmediato obviando toda necesidad del dispositivo técnico y metódico del cine. Hago películas con la espontaniedad que desarrollaría como artesano. Reivindico ese resultado imperfecto que el cine amateur, en el sentido etimológico de “hecho por amor” no por cutre me refiero, destila frente a la supuesta redondez de las piezas industrializadas. Nada encuentro más aburrido que aplicar una fórmula narrativa, que planificar un resultado. Cada proceso de producción, de creación de este tipo de películas no se entiende sino como una puesta en común con  amigos que viven un momento singular de su vida y su tiempo. Es un lanzarse a buscar juntos, a contar lo que sentimos, de la forma más libre, distendida y a menudo hilarante que nos es posible, mientras vivimos. El resultado no es un fin, sino la consecuencia de un tiempo memorable de convivencia que no se cierra con unos títulos de crédito, ni en un estreno sobre alfombra roja. Este camino es el que da sentido a persistir produciendo algo tan en cierto modo anacrónico y esforzado como una película de cine.

En los últimos años asistimos con disimulado desconcierto al envejecimiento prematuro del que fuera el arte más joven del Siglo XX. En apenas sesenta años ha pasado de su época dorada a su aparente ocaso, a una velocidad desconocida para el resto de las artes que sobreviven a los reflujos de la Historia con mayor capacidad de adaptación.

No se trata de una devaluación por la siempre compleja relación entre su dimensión artística e industrial, sino por el pacto de atención que el cine exige al espectador. Esa capacidad para escuchar sin intervenir, parece alejada de la voluntad de las nuevas generaciones, revelándose como anacrónico el estatuto que una película requiere de su audiencia. Tanto es así que los cines asiáticos ya implementan aplicaciones que permiten al espectador proyectar sus opiniones en la pantalla a través de sus móviles. Es cierto que siempre existirán quienes sientan el arrebato de dejarse hechizar por un historia proyectada en la oscuridad compartida. A la hora de hacerlo, de pensar por qué traté de expresar  a través de un medio tan complejo, me viene a la cabeza las respuestas que daban poetas del siglo pasado cuando se les preguntaba a cerca de su dedicación a un arte tan ingrato. Nadie lo expresa mejor que Pesoa a través de  Caeiro, “no es elección mía, es mi manera de estar solo.” “No tiene ningún mérito, no puedo hacer otra cosa”, confesaba Lizano.  Guardando las abismales distancias y el debido respeto, el hecho de trabajar con mi pareja, Afra Rigamonti, montadora, cómplice, amiga, y todo, me permite recordar lo que decía Straub, y que tanto nos ha inspirado.

– Jo Sol, Marseille 2015

Hacer una película siempre ha supuesto para mí partir de una emoción, de una revuelta, de una pregunta, y en absoluto del cine.

– Jean Marie Straub

Email: info@viviryotrasficcionesmovie.com